Lección 32 12/11/17 Cómo poner de manifiesto el don de la comunión

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OBJETIVOS:

1.- Identificar las grandes divisiones de la Iglesia Cristiana en el siglo XXI.

2.- Descubrir las razones más profundas de la tendencia a la fragmentación de la Iglesia.

3.- Proponer estrategias y parámetros sobre los cuales se favorecería la comunión cristiana.

Lecturas Bíblicas: Efe. 4:3-6; Juan 10:16; 1ª Cor. 1: 10-17

La presente Unidad de estudio está relacionada con lo que se ha estimado es el legado de Calvino para la Iglesia Reformada actual. El reformador, en su Institución de la Religión Cristiana, especialmente en el libro IV se refiere al tema de la Unidad de la Iglesia. La lectura de la carta a los Efesios cap. 4:3-6, nos dice:

  1. solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 
  2. un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 
  3. un Señor, una fe, un bautismo, 
  4. un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Nos preocupa sobremanera la fragmentación de la Iglesia actual, sin embargo, notamos, desde el primer siglo algunas manifestaciones de este fenómeno como el que plantea Pablo en su primera carta a los corintios cap. 1:10-17, particularmente los versículos 12-13 “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Apreciamos, entonces que esta tendencia a la fragmentación es tan antigua como la Iglesia Cristiana misma, y hoy debemos tratar de entender en qué sentido existe una legitimidad en las divisiones que sufre la Iglesia de Cristo en estos días. Es probable, que ciertos énfasis de forma han marcado la bifurcación que en la historia ha experimentado el camino que sigue la Iglesia. Existen aspectos como el bautismo en cuanto a su forma de administrarlo, las expresiones libres que ciertas congregaciones conceden a sus miembros para manifestar lo que sienten durante la actividad cúltica, la forma de vestir entre hombres y mujeres y el lugar que deben ocupar ambos géneros en el templo, la glosolalia como expresión del bautismo del Espiritu Santo en otras iglesias, y así, los matices diversos van causando también la fragmentación de la Iglesia, y es que la diferencias personales entre los seres humanos provocan también reacciones diversas frente a un mismo problema. Como ejemplo podemos mencionar al propio apóstol Pablo que nos habla de la unidad, sin embargo, después de su primer viaje misionero ya no quiso que Juan (Marcos) les acompañara en el el segundo viaje porque, a poco de iniciado el primero había abandonado la misión, y fue tal su determinación que se dividió en dos el equipo evangelizador: Pablo se hizo acompañar por Silas, y Bernabé consintió en llevar –por otro lado- a Marcos.

La fragmentación, vista en un sentido amplio, tiene un aspecto negativo que se refiere a la división que puede acarrear un debilitamiento en la fuerza original; pero al mismo tiempo es una forma de crecimiento, ya que donde antes había uno, ahora hay dos. Es importante, entonces, que la fragmentación esté más relacionada con la diversidad de formas con las cuales adoramos, pero no con doctrinas diferentes a las enseñadas por el Maestro de Galilea, como bien lo expresa Pablo en su carta a los Gálatas cap. 1:6 Estoy muy sorprendido de que ustedes se hayan alejado tan pronto de Dios, que los llamó mostrando en Cristo su bondad, y se hayan pasado a otro evangelio. (Versión Dios Habla Hoy). Así podemos reafirmar que aun en la diversidad puede haber Unidad. Otra cosa es anteponer doctrinas diferentes a las que Cristo enseñara como prioritarias.

CRISTO NO PUEDE SER DIVIDIDO.  Cada vez que leemos la palabra “uno”, recordemos que es utilizada de manera enfática. Cristo no puede ser dividido. La fe no puede ser desgarrada. No hay varios bautismos, sino uno que es común a todos. Dios no puede ser fragmentado. No podemos menos que cumplir con el deber de preservar esta santa unidad que está sostenida por tantos y tan fuertes lazos. La fe y el bautismo, y Dios el Padre y Cristo, deben unirnos hasta el extremo de que casi lleguemos a ser un solo ser humano.

Si queremos probar nuestra obediencia a nuestro Señor Jesucristo, debemos unirnos en una “piadosa conspiración” (pia conspiratio) y cultivar la paz entre nosotros.

UNA MISMA Y ÚNICA IGLESIA EN TODO EL MUNDO.  Y habrá un solo redil y un solo pastor. Es decir, que todos los hijos de Dios se agruparán y unirán en un solo cuerpo; así como reconocemos que hay una sola santa iglesia universal y que debe haber un solo cuerpo con una cabeza. Hay un solo Dios, afirma Pablo, una sola fe y un solo bautismo. Por ende, debemos ser uno, así como hemos sido llamados a una sola esperanza (Efe. 4:4). Y aun cuando los rebaños parecen estar diseminados en diferentes rediles, todos ellos ocupan espacios que son comunes a todos los creyentes dispersos por el mundo entero, puesto que a todos se les predica la misma palabra, todos comparten los mismos sacramentos, y reciben la misma orden de orar y todo lo que atañe a la profesión de la fe.

LA UNIDAD DE LA IGLESIA: TESTIMONIO DE RECONOCILIACIÓN EN UN MUNDO FRAGMENTADO. 

Que todos sean uno. Nuevamente, él establece que el fin de nuestra felicidad es la unidad, y con razón, porque la perdición de la raza humana es que, habiéndose separado de Dios, también está ella misma fracturada y diseminada. Y por tanto, en sentido inverso, su restauración consiste en estar debidamente unida en un solo cuerpo, así como Pablo afirma que la perfección de la iglesia consiste en que los creyentes estén unidos en un mismo espíritu y dice que a tal fin les fueron dados apóstoles, profetas, evangelistas y pastores quienes edificarían y restaurarían el cuerpo de Cristo., hasta alcanzar la unidad en la fe, en razón de lo cual él exhorta a los creyentes a creer en Cristo, que es la cabeza, de quien todo el cuerpo, unido entre sí y sostenido por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro, recibe crecimiento para su edificación. Por tanto, siempre que Cristo habla de Unidad, debemos recordar que el mundo, separado de Cristo, queda expuesto a la más vil y terrible disipación; y,  además,  debemos  comprender  que  el  comienzo de una vida  de bendición es que todos nosotros seamos gobernados y vivamos solo por el Espíritu de Cristo.

CÓMO PODEMOS HACER MÁS MANIFIESTO EL DON DE LA COMUNIÓN.

Existen movimientos a nivel mundial que exhiben buenas señales de ir tras la búsqueda de la Unidad. Los grandes conglomerados de Iglesias en Norteamérica y Europa como la Alianza Mundial Reformada y el Consejo Ecuménico Reformado han comenzado un proceso hacia la unidad. A nuestro nivel también debemos buscar la oportunidad de compartir la comunión con iglesias hermanas que sustentan los mismos principios que establecieran los reformadores y que bien analizamos en clases anteriores.

Calvino, en su obra Institución de la Religión Cristiana, afirmó: “Dondequiera que veamos predicar sinceramente la Palabra de Dios y se administran los sacramentos conforme a la institución de Jesucristo, no dudemos de que hay allí Iglesia”. En los cultos y celebraciones religiosas de las Iglesias Reformadas, el énfasis está en la predicación de la Palabra.

Los teólogos reformados como André Bieler, señalan que, para Calvino “Mediante el bautismo la persona además de descubrir que tiene un nombre que le es propio y que es alguien amado y sostenido por Dios, descubre también que es un ser social llamado a alcanzar la plenitud como persona en la relación con otros. Y la naturaleza de la vida verdadera en comunidad a la cual los individuos están destinados y para la cual fueron creados se revela a través del Sacramento de la Cena del Señor”.

Calvino también observó que “De esta manera el Bautismo sirve de confesión, es una señal con la que públicamente profesamos que queremos ser contados en el número del pueblo de Dios; con lo cual testificamos que convenimos con todos los cristianos en el culto de un solo Dios y en una sola religión; con la cual, finalmente afirmamos públicamente nuestra fe”. Ser bautizados es, por lo tanto, la afirmación de que pertenecemos a una comunión de fe.

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