Confesión de Fé.

LAS CONFESIONES DE FE

La mayor parte de las Confesiones de las Iglesias Reformadas fueron hechas por un sólo autor, o por un grupo pequeño de teólogos a quienes se les encomendaba el trabajo de formar una exposición de doctrinas. La Confesión de Augsburgo que sirve de lazo de unión a las Iglesias Luteranas fue formada principalmente por Lutero y Melanchton. La Segunda Confesión Helvética, la formó Bullinger por encargo de algunos teólogos suizos; y el célebre Catecismo de Heidelberg fue la obra de Ursinus y Olevianus, quienes la hicieron por orden de Federico III, príncipe de la corona en El Palatinado. La antigua Confesión Escocesa que fue el modelo doctrinal de la Iglesia Presbiteriana en Escocia casi desde un siglo antes de que se adoptara la Confesión de Westminster, la formó un comité de seis teólogos presididos por Juan Knox, comisionado por el Parlamento Escocés. Los 39 Artículos de la Iglesia Episcopal de Inglaterra y América, fueron preparados por los Obispos de la Iglesia en el año 1562 y fueron el resultado de la revisión de los “42 Artículos de Eduardo VI”, elaborados por el arzobispo Cranmer y el obispo Ridley en 1551.

Los “Cánones del Sínodo de Dort”, tipo doctrinal de la Iglesia de Holanda y de gran autoridad entre todas las Iglesias Reformadas, fueron escritos por un Sínodo Internacional, formado por representantes de todas las Iglesias Reformadas, menos la de Francia.

La Confesión y Catecismos de Westminster.

En 1643, la Cámara Inglesa de los Comunes adoptó una ordenanza llamando a la resolución del gobierno y liturgia de la Iglesia de Inglaterra (de una forma) conforme a la Santa Palabra de Dios y apta para procurar la paz de la iglesia aquí y en el extranjero. Luego que la ordenanza fue aprobada por la Cámara de los Lores, se convocó una Asamblea en la Abadía de Westminster para cumplir con esta tarea.

El Parlamento designó a ciento cincuenta y una personas a la Asamblea. Treinta eran miembros del Parlamento; el resto eran personas entendidas, piadosas y teólogos juiciosos. Cinco clérigos escoceses que asistieron a la Asamblea tenían el derecho a discutir pero no a votar. Las iglesias en Holanda, Bélgica, Francia, Suiza y las colonias americanas fueron invitadas a enviar delegados, aunque no enviaron a ninguno. La Asamblea se reunió 1.163 veces y concluyó en 1649.
La Asamblea de Westminster condujo su trabajo en una atmósfera de crisis. Inglaterra y la Iglesia de Inglaterra se encontraban prácticamente en ruinas debido a los conflictos internos. Los problemas políticos y religiosos eran inseparables. ¿Quién debía gobernar la iglesia? ¿Quién debía gobernar el estado? ¿Qué tipo de poder debía tener el rey? ¿Qué tipo de poder debía tener el Parlamento, los concilios locales, las asambleas? El partido Anglicano apoyaba el gobierno real en Inglaterra con el rey como cabeza del gobierno de la iglesia. El partido Presbiteriano quería darle la autoridad a los representantes electos por el pueblo, ambos en el Parlamento y en los presbiterios de la iglesia. Un tercer partido, eventualmente dirigido por Oliver Cromwell, quería autonomía local para las iglesias y poderes limitados para el rey y el Parlamento.

Antes de que se constituyera la Asamblea, estalló la guerra civil entre los diferentes partidos. Aún así, la Asamblea comenzó su trabajo y eventualmente completó la Forma de Gobierno para la Iglesia Presbiteriana, un Directorio para el Culto Público, La Confesión de Fe, El Catecismo Mayor, y El Catecismo Menor. Cada documento fue aprobado por el Parlamento inglés, quien pidió a la Asamblea que añadiera evidencias bíblicas.

Las Normas de Westminster representan el fruto de la erudición protestante que refinó y sistematizó las enseñanzas de la Reforma. Las normas destacan la verdad y autoridad puras de las Escrituras a través de las edades, como inspiradas en hebreo y en griego, y conocidas por la obra interna del Espíritu Santo. También subrayan la soberanía divina y la doble predestinación. Al apelar a las Escrituras para formular una teología del pacto, las normas tuvieron implicaciones importantes en la teoría y práctica de la política, recordando a los gobernantes y al pueblo de sus deberes hacia Dios y hacia unos con otros.

La Confesión de Fe de Westminster.

La Confesión de Westminster afirma la obra de Dios desde el principio de la creación hasta su final en la resurrección y el juicio final. Dios es primero, último, y preeminente en todas las cosas. El pueblo de Dios ha de entender y vivir sus vidas de acuerdo a los caminos de Dios y su maravillosa voluntad.

La confesión comienza con la revelación de Dios en las Escrituras: Dios es el único y verdadero Dios, infinito en su ser y perfección, invisible, inmutable, inmenso, eterno, incomprensible, omnipotente, sabio, santo, libre, absoluto. Dios creó todo lo que es de la nada, incluyendo al ser humano, a quien Dios sostiene, dirige y gobierna. Sin embargo, el ser humano no permaneció en armonía con la voluntad de Dios. La intervención del pecado, que Dios permitió pero no causó, resultó en la corrupción de la condición humana y en la relación de Dios y la humanidad. No obstante, Dios hizo un pacto de gracia con la humanidad; a través de Cristo, se restaura la relación con Dios. La vida cristiana – nutrida con la oración, la predicación, y los sacramentos, y vivida en gracia y gloria – prepara para el fin predeterminado por Dios de misericordia (salvación de los electos) y de justicia (condenación del malvado).

Los Catecismos de Westminster.

El Catecismo Mayor, escrito primordialmente por el Dr. Antonio Tuckney, profesor de divinidad y vice-rector de la Universidad de Cambridge, fue diseñado para ser explicado públicamente desde el púlpito. El Catecismo Menor, trabajo primordialmente del Rev. Juan Wallis, un matemático eminente que más tarde fue profesor de geometría en la Universidad de Oxford, fue escrito para la educación de los niños. Ambos tratan con las preguntas acerca de Dios, Cristo, la vida cristiana, los Diez Mandamientos, los Sacramentos, y el Padrenuestro; a diferencia de otros catecismos anteriores, no contienen una sección acerca del Credo de los Apóstoles. La primera pregunta y respuesta del Catecismo Menor es muy conocida. ¿Cuál es el fin principal del ser humano? El fin principal del ser humano es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.